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Del propósito a la exigencia

Del propósito a la exigencia

Ha empezado septiembre y con éste una lista de propósitos para muchos, de los cuáles algunos se cumplen, otros quedan en buenas intenciones y otros se transforman en fuentes de estrés.

Cambiar hábitos de alimentación, levantarse pronto para hacer ejercicio, llevar el trabajo al día, pasar más tiempo con los hijos, comunicarse más con la pareja… son algunos ejemplos de propuestas que una persona se hace a la hora de plantearse objetivos.

Con todo esto por delante no me extraña que uno tenga síndrome post-vacacional o necesite vacaciones urgentes al poco tiempo de volver. Pasamos de nada a todo y no caemos en la cuenta de que el problema no es la vuelta, ni septiembre ni lo que tenemos pendiente sino nuestra pretensión de querer abarcar más allá de nuestros límites.

Algo así como: Ahora o nunca. ¿Qué tiene septiembre de especial para los propósitos que no tenga octubre, noviembre…? ¿Qué es lo que lleva a que este mes sea, como enero, favorito para iniciar/abandonar hábitos?

Al contrario de lo que se cree, una de las mayores fuentes de estrés son las listas de objetivos y propósitos que solemos hacer, no hay nada de malo en plantearse objetivos pero sí en la manera en que lo hacemos. Existe una línea muy fina entre el propósito y la exigencia, no todo propósito nos acerca al logro de objetivos, algunos nos alejan. ¿Es necesario todo lo que nos proponemos?

La propuesta de objetivos, la planificación de su consecución, los tiempos,… es todo un arte que uno puede ir aprendiendo y disfrutar de conseguir lo que uno se propone dejando de recurrir a las excusas.

Olvidamos que los objetivos y las tareas tienen un plazo de consecución, es un proceso que se va gestando. Si el día tiene 24 horas y nuestro nivel de energía un límite pretender superarlo pasa factura. (Aquí puedes ampliar información sobre cómo construir hábitos).

Otra de las cosas que me pregunto es porque los objetivos que se plantean tienen que ver más con “el hacer” y con la actividad y menos con el “no hacer” y el disponer de tiempo para uno y para tomarse alguna que otra pausa. A veces ´menos´ es ´más´. Tal vez llegaríamos a las vacaciones de otra manera. Quizás veríamos la vuelta al trabajo diferente. Es posible que en el fondo nuestra preferencia sea tener la agenda llena y muchas cosas que atender…

Os dejo con estas reflexiones…feliz viernes!

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