El camino de vuelta

Una de mis maestras suele emplear esta expresión, ¿por dónde se sale de un laberinto sin salida? Por dónde has entrado. Sencillo, ¿verdad? Sin embargo pienso en las veces que me he encontrado en un laberinto y me he ocupado más de buscar una salida que no existe en lugar de pensar por donde entré. Ahora, lo observo frecuentemente cuando las personas que acuden a terapia buscan esa salida que no existe.

Todo empieza cuando de repente, sin saber muy bien cómo te encuentras en un lugar del que no sabes cómo regresar. Puede que ya tuvieses esta sensación de pérdida, pero ahora tomas conciencia de que realmente te has perdido y no quieres permanecer ahí.

Acto seguido te esfuerzas por salir de donde te encuentras, luchas, te angustias en la lucha, pero tus esfuerzos son en vano, pues cuanto más quieres salir de dónde estás más perdido te encuentras.

No te reconoces, aquellas cosas que te motivaban y te conectaban, aquellas cosas que te funcionaban ya no lo hacen y esto te confunde. ¿Por qué aquello que antes te daba resultado ya no lo hace? No entiendes que ha pasado.

Desconoces por qué ese trabajo que te daba ilusión ya no lo consigue, esa persona que te motivaba tampoco lo hace, esos diálogos o conversaciones ya no resuelven… añoras volver a aquel lugar donde reconocerte, sentirte en coherencia, en la certeza de que estás en tu sitio, en tu lugar.

Lo peor de perderse no es el hecho de haberse perdido, sino oponerse a ello, resistirse a admitirlo y querer encontrar esa salida que no existe. Sin embargo cuando aceptas que no sabes, que no controlas y que estás perdido cesas la lucha. En ese momento algo de luz se cuela para alumbrar ese ´camino de vuelta´.

Entonces, ¿en qué consiste ese camino de vuelta? Me gusta compararlo como una salida que haces por la montaña donde vas dejando pistas por donde pasas, ¿lo has hecho alguna vez? En la vuelta rastreas las huellas, las piedras y aquellos elementos o signos que durante tu paso señalan el camino andado para tu vuelta o incluso para las personas que recorren el camino detrás de ti.

En lo que al laberinto emocional se refiere también hay pistas que se pueden recuperar, y que una a una conforman un mapa que te ayuda a ubicarte. Así con la paciencia necesaria logras “volver a casa”. En terapia buscamos esas pistas y trazamos el mapa donde situarte y recorrer ese camino de vuelta, de vuelta a ti.

Cada pista hallada te acerca a la comprensión de tu paso por el camino y progresivamente a la verdad. Cuando llegas a la entrada no solo has logrado salir del laberinto sino que has logrado conocerte un poco más y crecer en el camino.

Nos vemos en la próxima, feliz viernes!

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