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La fuerza de la vida

Una de las principales cuestiones que influye en un proceso de terapia es la fe o esperanza, la confianza en uno mismo y en la vida. Muchas veces esto se ha perdido, no sólo es visible en una sesión de psicoterapia, a veces también lo vemos en otro tipo de tratamientos ante un proceso de enfermedad.

Muchas personas, tanto que vienen a terapia como que no, han perdido esa fe en la vida, esa confianza de que en alguna parte dentro de cada uno de nosotros hay vida, como dice Stephen Hawkins ´Mientras haya vida, hay esperanza´.

Si te interesa puedes ver a continuación un discurso muy emotivo donde concluye con la frase anterior. En este fragmento de la película ´La teoría del todo´, donde se narra su historia, está dando un discurso en la universidad donde le hacen una pregunta verdaderamente interesante.

La teoría del todo

El tema de la fe, el tema de la confianza es un tema controvertido. Muchas personas lo asocian a un tema puramente religioso en el que tener fe significa creer en Dios o un ser superior y si el caso es que no creen pues se da como una especie de escepticismo y desconfianza, como dicen algunos un pesimista que se define como realista.

Otras personas parten de un falso positivismo pensando que realmente las cosas cambiarán su rumbo y se pondrán del lado de uno. Que si son buenas y/o rezan a Dios los milagros ocurren (mucho de esto está relacionado con lo que en psicología se acuña como falacia o recompensa divina que consiste en creer que cuanto más ha sufrido uno más razones o méritos luego tendrá para que la vida le compense con cosas ´buenas´.

A las personas no nos gusta sufrir, esto es tan humano como lo son los mecanismos que generamos para evitar ese sufrimiento, aunque en el intento sufrimos más, o bien dejando de confiar por precaución/protección o bien adornando una realidad para hacerla más llevadera.

No deja de fascinarme como las personas pueden mantener la esperanza en momentos en que lo más fácil sería adoptar uno de los dos mecanismos anteriores y como esto no salva muchas veces del dolor que la vida trae consigo ante las pérdidas, las decepciones, enfermedades y otros procesos que suceden pero evita mucho sufrimiento innecesario e incluso conecta a la persona con su parte más humana y con esa fuerza vital que lo caracteriza.

Me gusta mucho un texto del pensador Sidney Lovett que dice así: De vez en cuando fíjate bien en algo que no esté hecho con las manos: una montaña, una estrella, el meandro de un río. De allí vendrá hacia ti la sabiduría y la paciencia y, por encima de todo, la seguridad de que no estás solo en el mundo”.

Feliz Viernes!

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