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El poder de la renuncia

Y cuando nada esperas… todo llega.

¿Te ha pasado esto alguna vez? ¿Has experimentado eso de que, de repente, cuando habías renunciado o habías desestimado algo, inesperadamente llega a tu vida?

Es curiosa esta paradoja de la vida, donde, justo en el momento donde algo deja de ser esperado y “ansiado”, ocurre. A veces tengo la sensación de que es como si la vida nos retara a no desear, a renunciar a aquello en lo que tanto empeño ponemos, y cuando lo hacemos… vualá! (voilà como dicen los franceses…). Allí está eso que parecía olvidado.

La renuncia puede entenderse como una manera de liberación, como una manera de soltar los deseos y experimentar aceptación tanto si aquello que se desea llega o no llega.

Cuando no renunciamos, cuando vamos detrás de algo con la sed de necesidad que muchas veces nos acompaña no estamos sino en una persecución o lucha constante.

Corremos detrás del deseo como si la vida nos fuera en ello, sufriendo por no conseguir aquello que tan preciado estimamos. No nos damos cuenta de que en cierta manera somos esclavos de ese deseo, de eso que estimamos, porque ello no es una opción que puede estar o no, sino que se ha convertido en un requisito para sentirnos bien. Pasamos de disfrutar con la idea de tener eso a necesitar que eso esté en nuestras vidas.

Lo deseado se convierte en una especie de obsesión y condición para ser feliz, sin embargo, se sufre en su ausencia.

La satisfacción que queremos obtener alcanzado esta meta nos genera un estado de falta, vacío y de  no estar completos. Sucede con las personas a las que amamos o con los proyectos a los que aspiramos, por poner algunos ejemplos.

Personas que desean estar en pareja, que quieren vivir una relación amorosa… y no llega. Ese aferrarse a aquello que uno quiere, hace precisamente, que se note la ausencia de  que no lo tiene, porque lo ha convertido, sin darse cuenta, en un requisito para su felicidad.

Me gusta la idea de pensar que puedo ser feliz con lo que deseo tanto si viene como si no. Cuando lo dejo así, me sorprendo continuamente. Hace un tiempo alguien muy sabio me dijo que las mayores gratificaciones o recompensas vienen de las renuncias, entonces no podía entenderlo. Ahora, después de vivirlo puedo decir, así es. Nuestra felicidad no depende de eso que tenemos, ni siquiera de las personas con las que estamos. Nuestra felicidad es el resultado de un proceso de soltar los deseos.

Como decía Erich Fromm ´Si con todo lo que tienes no eres feliz, con todo lo que te falta tampoco los serás´.

Feliz viernes, amigos!

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