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El dominio de uno mismo

el-dominio-de-uno-mismo“Quién te enfada te domina” decía Buda. Cuánta verdad encierra esta frase, pues cuando hay algo o alguien que “te enfada” (nótense las comillas) pierdes la posibilidad de hacer algo al respecto, te desempoderas.

En primer lugar porque la acción recae sobre algo/alguien externo a ti, con lo cual das por sentado que la causa de tu enfado es el otro: lo que dijo, lo que hizo, lo que no dijo o dejó de hacer. Acto seguido piensas que si él o ella no hubiera hecho o dicho eso, o hubiese hecho algo diferente tú no te habrías enfadado, todo hubiese ido bien. Si el otro cambiara o modificara tal cosa se solucionaría el asunto.

En segundo lugar y como consecuencia de lo anterior acabas creyendo que esto es necesariamente como lo estás sintiendo, estás firmemente convencido que tu enfado está causado por lo otro, por lo tanto está fuera de tu campo de acción. En este sentido tus esfuerzos se orientan a que el otro o lo de fuera cambie. Tratas de que eso que te causa este enfado desaparezca por todos los medios.

Puedes llegar a evitar que se manifieste con normas, prohibiciones y una serie de estrategias que van destinadas a modificar/eliminar lo que tú crees que es la fuente de tu malestar ya que detrás de todo hay algo que no estás viendo, algo que te mantiene pasivo y te dificulta hacerte cargo de la parte que hay entre el otro y tu reacción, ese terreno en tierra media entre lo que hace el otro y como respondes ante eso.

Podríamos equiparar esto con otras emociones como el miedo o la tristeza. “Es que cuando dice eso me asusta”, “es que con su manera de dirigirse a mi hace que me sienta triste”.

Perdemos la libertad cuando le atribuimos al otro el poder de hacernos sentir esto o aquello. Nos convertimos en esclavos de algo ajeno y entramos en dinámicas en las que nos quedamos atrapados.

Hay un proverbio africano que dice que si dentro de ti no hay un enemigo los enemigos de fuera no pueden hacerte ningún daño, con lo cual cuando algo de fuera “te roba” esa calma y esa paz es que algo en tu interior “conspira” por así decirlo con ese enemigo, algo que proviene del exterior encuentra un aliado interior que lo deja entrar y le facilita este robo.

Y tú, ¿permites que te “roben” tu calma?

Nos vemos la próxima semana!

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