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Las huellas que dejamos

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“Es que solo puedo dejar huella si el terreno me lo permite, comprendes? Uno no puede dejar huella en el cemento, o en la tierra dura… Sólo podemos dejar huella en la arena, en la tierra fértil, en tierra y personas que también dejan huella en nuestras vidas”.

Estas palabras tan profundas son palabras que me regaló una buena amiga hace ya unos cuantos años y aparecieron recientemente como lo hacen las mejores cosas en la vida: de forma inesperada. Desde entonces me han llevado a plantear varias cuestiones.

La primera y principal es: ¿Cómo puedo yo dejar huella en alguien o algo si hay dureza, rigidez, etc.? A fuerza de que uno se empeñe en dejar algo como sea lo que dejará será un agujero, una grieta o una herida… porque así es como se queda algo cuando a su estado original se le ejerce un exceso de presión, valga esto para un material o como ejemplo de una persona que muestra dureza. Los padres, los amigos, las parejas, nuestros niños, las personas en general… a veces les dejamos heridas en lugar de huellas. Para poder dejar huella hay que ablandar la tierra.

Por otra parte es difícil dejar huella en alguien no sólo cuando ese otro alguien está herido o es tierra dura, sino cuando ni siquiera nosotros mismos somos tierra fértil y nos mantenemos rígidos. Desde nuestra rigidez no podemos acercarnos al otro, somos estructuras donde nada se filtra, donde la rigidez del otro y nuestra propia rigidez chocan haciendo más grietas y más agujeros.

Se me hace presente una reflexión de Alejandro Jodorowsky que dice así: ´¿Cómo hablar con alguien que es como la pared? Acércate a esa pared con el corazón convertido en ventana abierta´. Preciosa metáfora para ilustrar lo anterior.

En segundo lugar ¿qué nos impide convertirnos en tierra fértil? ¿para qué mostramos rigidez, dureza, etc.?

Todos llevamos con nosotros heridas de vida, heridas que nos acompañan desde hace tiempo, algunas más y otras menos. Algunas se convirtieron en cicatrices, otras duelen un poco cuando algo o alguien toca en ellas. Quién no ve esto o quien piensa que no lleva ninguna no puede entender a las personas duras, frías, distantes… pues solo verá dureza, frialdad, distancia… quien si lo sabe, podrá ver que en el fondo de esa dureza hay una herida que produce demasiado dolor como para poner más dureza. Tal vez, con tiempo y amor pueda algún momento dejar alguna huella. Amor; esto es lo primera que ablanda la dureza.

“ Mi madre solía decir que el amor nunca se malgasta, aunque no te lo devuelvan en la misma medida que mereces o deseas. Déjalo salir a raudales-decía-. Abre tu corazón y no tengas miedo de que te lo rompan. Los corazones rotos se curan. Los corazones protegidos acaban convertidos en piedra” (Penélope Stokes).

A aquellos que dejaron y dejan huellas y también a aquellos que dejaron heridas, porque ambos hicieron tierra fértil.

Que tengas un gran día!

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