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Adultos de mente, niños de corazón

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Cuando veo a los niños con esa mirada inocente y pura,  veo el brillo en sus ojos y  los veo  sorprenderse y maravillarse ante las cosas, cuando siento el amor que dan con el mínimo gesto que se les da, esa cantidad infinita de ternura ante la mirada cariñosa de un adulto…

Una muestra de afecto, un tiempo de juego compartido y ellos te regalan todo su amor, sin reservas. ¡Qué capacidad más grande para dar! No sé tú pero su mirada me atrapa y me conecta con la esperanza y con la idea de que si todos pudiésemos recuperar nuestro corazón de niños y la grandeza de dar amor, el mundo sería diferente.

Tal vez sea éste el sueño de mi corazón de niña; querer que esto sea así, que el mundo sea bueno y que el amor sea más fuerte que cualquier otra cosa. Aunque mi mente de adulta sabe que es una fantasía de niña, que el mundo es como es y existe sufrimiento, injusticia y carencias hay una parte que  no quiere resignarse, que quiere que esta fantasía sea menos fantasía y sea más realidad.

Quiero seguir mi corazón de niña, quizá es una de las cosas que da sentido a mi trabajo y me encanta que así sea: ver cómo esa grandeza que hay en cada persona se manifiesta y alcanza su máxima expresión, ver como ese corazón de niños contribuye a hacer de este mundo un mundo mejor, a dejar huella. Cómo todos somos uno. En el poema de Ralph Waldo Emerson ´Haber triunfado´ habla de esto, dice así:

“Reír mucho y a menudo; merecer el respeto de la gente inteligente y el afecto de los niños; ganarte la aprobación de los críticos honestos y soportar la traición de los falsos amigos; apreciar la belleza; encontrar lo mejor en los otros; darte a los demás; dejar el mundo un poco mejor de lo que lo has encontrado: sea con un niño sano, con un jardín o con una mejora social; haber jugado y reído con entusiasmo y haber cantado con pasión; saber que alguna vida ha respirado mejor porque tú has vivido; eso es haber triunfado“.

¿Dónde se interrumpió esta mirada inocente y pura? ¿Cuándo ´olvidamos´ lo que era amar sin reservas? ¿En qué momento perdimos el rumbo de nuestro sentido vital?

Dice Rumi: ´Tu tarea no es buscar el amor, sino buscar y encontrar dentro de ti mismo/a todas las barreras que hayas construido contra él´.

Así lo siento yo, todos llevamos en nuestro corazón de niños sueños y esperanzas, anhelos e ilusiones pero sobretodo una capacidad de amor infinita. ¿Te imaginas que todos pudiésemos ´recuperar´ nuestro corazón de niños? ¿Te imaginas cómo sería el mundo? ¿Qué pasaría en tu vida y en la de la gente que te rodea?

Seguimos la próxima semana, que tengas un gran día!

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